
Si mi abuela levantar la cabeza, me diría seguramente: «¿Ves como yo tenía razón cuando te decía que para comer había hecho almóndigas?». Y es verdad, tras muchos años de corregir a las abuelas, tenemos que darles la razón.
Es cierto que la Real Academia de la Lengua (RAE) que es la institución que «limpia, fija y da esplendor» al castellano ha aceptado términos como este debido a que su uso entre la población española está muy generalizado.
Lo mismo sucede con otras palabras como murciégalo, y forman parte de la última actualización linguística en la que, además se suprimieron vocablos y se incluyeron extranjerismos.
Al margen de la polémica que crea siempre este tipo de apertura hacia el lenguaje oral entre los propios hablantes hispanos, el problema surgen con los estudiantes de español, que además de tener que lidiar con la riqueza de vocabulario de nuestro idioma, tienen que memorizar la forma correcta si no quieres pasarse de «colegas», término que por si bien significa «compañero o amigo» también se utiliza para relajar las normas lingüísticas y dar a entender un nivel más coloquial del uso de la lengua.
Precisamente, cuando el español es un idioma cada vez más demandado en todo el mundo: ya sumamos 400 millones de hablantes.
De los dobles sentidos del español, hablaremos en otro post, ahora, simplemente queremos animaros a que conozcáis la cultura y la riqueza de este idioma.
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